Viernes, 30 de octubre de 2009
Alberto Ruiz - 6 TOROS 6
REPORTAJE | Miguel Ángel Perera: Rotundo por obligación (FOTOS)
Miguel Ángel Perera cerró en Jaén una gran, y exigente, temporada. Sin perder el nivel de entrega y de compromiso del año anterior, que era su reto, su campaña fue de una figura totalmente asentada, en éxitos y en categoría, aunque sólo en algunos momentos se vio empañada por los percances y los desaciertos con la espada. Con todo, el de la Puebla del Prior firmó grandes faenas que refrendaron su prestigio y marcaron un año de magníficos números. Semejante regularidad lo dice todo. Sobran las palabras y nos remitimos a los hechos.
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También como en 2008, Miguel Ángel Perera comenzó la campaña con el acelerador pisado a fondo, con una autoridad de primerísima figura y con un altísimo nivel competitivo con que arrolló, primero, en Olivenza y, después, en Castellón. De primeras, toreo desnudo y rotundo, hondo en las formas y armónico en el fondo. Con la referencia del año pasado, y con toda la ambición del mundo para mandar, Miguel Ángel llegó a la conclusión de que sólo había una manera de mantenerse en la primera fila: con triunfos a golpe cantado, de toreo y también de orejas. Y, por supuesto, era la única manera de hacer frente y de contestar a aquellas empresas que no habían querido contar con él en el primer tramo de la temporada, como las de Valencia (por supuestos cambios de fechas y de carteles) y de Sevilla.
Por eso, el de la Puebla del Prior pronto afinó la puntería y se dedicó a hacerlo todo bien para empezar la temporada marcando la pauta. Y su apuesta, una vez conocida su ausencia de esos dos importantes ciclos, salió perfecta en el fondo y en el resultado. No pareció echar de menos Perera torear en Sevilla y Valencia, porque supo encontrar respuesta en otras plazas importantes. Al igual que José Tomás, Perera triunfó con la misma determinación el Domingo de Resurrección en Málaga, corrida en la que ya establecieron un reñido pulso que continuaría después en otras citas de gran envergadura a lo largo de la campaña. Perera no cambió su guión, le dio amplia respuesta al de Galapagar y se empleó a fondo para salir con una oreja de cada toro y, también, una cornada en la pierna derecha de la Malagueta. En el primer enfrentamiento directo entre ambos, la corrida estuvo a la altura de lo esperado y marcaron un ritmo frenético a partir de ese momento del año.
Y después de Málaga, el extremeño triunfó en casi todas las plazas de ese orden, excepto en Bilbao y en Zaragoza, porque en Madrid “triunfó” aun sin cortar orejas con dos faenas de sólidas y de mucha autoridad. Y también arrolló en la mayoría de las de segunda y en el circuito menor. Un registro magnífico que le permitió asentarse y, sobre todo, refrendar el prestigio de figura que se ganó un año antes con muchísimas orejas y rabos, excelso toreo y una actitud arrolladora, como siempre han hecho los grandes toreros.
Como un año antes, le dio igual a Perera enfrentarse a un determinado tipo de toros, porque siempre tuvo mucho toreo, bueno y bien asentado. Impuso su ley muchas tardes y dejó el sello inconfundible de uno de los toreros más profundos de la actualidad. Dentro de su muy buena temporada, Perera ha mantenido su nivel de entrega y de compromiso de 2008, que le llevó a triunfar rotundamente hasta Jaén, en su última corrida del año. Con 78 corridas, 127 orejas y 8 rabos, y entre ellos un montón de grandes faenas y puertas grandes, ocupó el segundo lugar del escalafón. Fuera de los números, que también fueron magníficos, el extremeño supo combinar cantidad y calidad, intensidad y ritmo, con argumentos sólidos para imponer un fortísimo nivel en cada tarde.
No fue, sin embargo, una campaña fácil. Perdió una docena de corridas por los percances casi seguidos de Ciudad Real -que le impidió poder torear el esperado mano a mano con El Juli en Bilbao- y Mérida, que le quitó una semana entera de la circulación en pleno mes de septiembre. Con todo pronto resolvió sendos parones y recuperó a marchas forzadas el tiempo perdido con respecto a sus grandes competidores. Pareció gustarle competir bajo presión esos días de obligada remontada.
Eso hizo en los momentos más a la contra de la temporada. Perera fue mucho Perera y tuvo respuesta para todo y para todos. El de La Puebla del Prior lo hizo días antes de San Isidro. Primero, fue en diversos cosos menores (Motril, Jerez de los Caballeros y Osuna) y, después de forma apabullante, el día de San Pedro Regalado en Valladolid. Muy sólido en toda la corrida, apuntó todo lo fuerte que estaba antes de la gran, y esperada, batalla de Madrid.
Pero no fue, ni mucho menos, una feria cómoda para Perera, pero ni para él ni para nadie, porque le tocó bailar con toros de muy distinta condición, unos porque le exigieron de principio a fin y otros porque tuvieron nulas opciones para el triunfo, como los de José Luis Marca y Valdefresno de la segunda de las tres tardes en que se anunciaba. Sólo tres días antes, su desaciertos con los aceros le impidieron cortar una oreja de cada ejemplar de Núñez del Cuvillo, dentro de una tarde difícil y a la contra y que intentaron reventar los de siempre. Fue, sin embargo, en la Feria del Aniversario cuando Miguel Ángel impuso su autoridad ante toros de Victoriano del Río y de Garcigrande, porque estuvo siempre “en gran figura, firme y despacioso, muy por encima de los toros y del público en sendas faenas de gran altura”, escribió José Carlos Arévalo.
Jerarquizado y respetado salió Perera de Madrid, directo a un mes de junio intensísimo y plagado de corridas, que fue impresionante, por no decir perfecto. Toreó diecisiete festejos, cortó treinta orejas y un rabo, salió a hombros nueve veces y cuajó un puñado de faenas notables en Granada, Badajoz (otra tarde de gran rivalidad con José Tomás que saldó con tres orejas), Alicante, León, Algeciras, Burgos y Plasencia. Pero fue en la penúltima tarde del mes, la tarde del Patrón de Segovia, cuando Perera estuvo inconmensurable con un sobrero con volumen y con fondo de Juan Pérez Tabernero, que podríamos calificar como unas de sus grandes faenas del año.
Su soberbia actuación ante ese ejemplar de la divisa salmantina resultó sublime toreando al natural, por su hondura, por su capacidad, por su fondo, por su sorprendente forma de embarcar y rematar por abajo los muletazos… por su deslumbrante capacidad. Pero como en otras tantas ocasiones se “atragantó” con la espada y perdió un rabo. Pero su toreo fue de una aplastante categoría.
El ritmo que marcó en junio tuvo su continuidad en la primera gran feria del verano. La puerta grande de Pamplona ante toros de Núñez del Cuvillo fue el mayor estímulo para Perera los primeros días de julio. El extremeño toreó dos tardes en San Fermín, paseó tres merecidas orejas y salió reforzado para seguir entre los de más arriba, aunque después no puntuó, por diversos motivos, en Santander, en Valencia y en Mont-de-Marsan.
Hasta ese momento, la campaña de Perera estaba teniendo una lectura que iba más allá de los resultados finales de cada festejo: cuajaba muy buenas faenas, de mucha intensidad y calidad artística en la dimensión de los muletazos, y como mal menor pinchaba algunas de ellas. Por eso, perdía orejas y puertas grandes, pero marcaba un ritmo muy alto. Sin embargo, en agosto logró una sucesión de salidas a hombros en Huelva, El Puerto, Gijón (toreó como único espada y cortó cinco orejas y un rabo simbólico) y Ciudad Real, en donde cayó lesionado en las costillas por un toro de La Palmosilla. El torero tuvo que convalecer cuatro días, y no más, porque reapareció a tono en Cuenca y encadenó una buena racha de éxitos en diversas plazas menores, así como en Colmenar Viejo y en Palencia. Entremedias de esas corridas había formado un alboroto en la goyesca de Ronda, sobre todo a un sobrero regalado de Luis Algarra al que le cortó dos orejas. Ya casi recuperado del percance de Ciudad Real volvía a caer, ahora herido en el muslo derecho, en Mérida por querer arrimarse más de la cuenta a un toro de Jandilla que no le perdonó. Es el precio que tuvo que pagar por tanta sinceridad, por tanta entrega y por tanta ambición de querer sobrepasar los límites.
Aun con los puntos frescos de la herida quiso reapareció en Aranda de Duero, con sólo seis días de convalecencia, para afrontar todo un mes de septiembre que no podía dejar pasar de largo. Y su reaparición fue, por supuesto, espectacular. Cortó dos orejas en Aranda, otras tantas en Salamanca, Murcia y Nîmes (Francia) y una cada tarde en Logroño, pero que pudieron ser dos o tres más de haber estado acertado con la espada en sendas actuaciones de mucha altura y dimensión, sobre todo ante un bravísimo toro de Torrealta que cuajó a la perfección y que pinchó después de que parte de la plaza pidiera tímidamente el indulto. Fue, con la que le cuajó a un bravo toro de Valdefresno en Nîmes, otra de las grandes faenas de su temporada.
Perera lo tenía muy claro y su obligación era triunfar a golpe cantado. Finalizó septiembre a muy alto nivel y llegó a punto, fresco y en un gran estado de forma, a su encerrona de Zafra, corrida que no había podido torear el año pasado por la grave cornada que sufrió un día antes en Madrid. Y el diestro extremeño, alentado siempre por sus paisanos, dio toda una lección de compromiso y de capacidad lidiadora, de hondura y ligazón, ante toros de distintas ganaderías. Llenó la plaza, firmó varias faenas notables y cortó ocho orejas y dos rabos, uno de ellos simbólicos tras indultar un bravo ejemplar de Núñez del Cuvillo en último lugar.
Perera recogió elogios y más elogios, después se dejó -por accidente- un toro vivo en Zaragoza y paseó la última oreja de su temporada en Jáen. Así concluyó una campaña en la que nunca renunció a sus principios, cuajó excelentes faenas, dejó escapar orejas por la espada, se sobrepuso a dos percances y se arrimó con los toros buenos y los menos buenos en cualquier tipo de plaza y en el momento que fuera necesario. Su año Perera lo tenía muy claro y su obligación era triunfar a golpe cantado. Finalizó septiembre a muy alto nivel y llegó a punto, fresco y en un gran estado de forma, a su encerrona de Zafra, corrida que no había podido torear el año pasado por la grave cornada que sufrió un día antes en Madrid. Y el diestro extremeño, alentado siempre por sus paisanos, dio toda una lección de compromiso y de capacidad lidiadora, de hondura y ligazón, ante toros de distintas ganaderías. Llenó la plaza, firmó varias faenas notables y cortó ocho orejas y dos rabos, uno de ellos simbólicos tras indultar un bravo ejemplar de Núñez del Cuvillo en último lugar.
Perera recogió elogios y más elogios, después se dejó -por accidente- un toro vivo en Zaragoza y paseó la última oreja de su temporada en Jáen. Así concluyó una campaña en la que nunca renunció a sus principios, cuajó excelentes faenas, dejó escapar orejas por la espada, se sobrepuso a dos percances y se arrimó con los toros buenos y los menos buenos fue de quitar el hipo, de figura asentada y dispuesta a todo, sobre todo a defender su posición en el toreo. Las grandes figuras siempre fueron así. Y Perera no es una excepción.
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