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Asprona: así es la vida...

Asprona es la vida misma, con todas sus caras, con todos sus matices. Cada uno de sus centros, de sus dependencias, de sus instalaciones, condensan en sí mismo todo lo que la vida es sin filtros ni ambages. Es la verdad desnuda y desgarrada. Es la evidencia de que lo tiene todo quien tiene aquello que es más preciso para vivir: la salud. Todo lo demás es relativo. Y si alguien lo duda, que venga a Asprona y lo vea.

 

Estar allí, conocer cómo es, mirar a los ojos a los hombres y mujeres, mayores y menores, que tienen ahí su techo y su horizonte, oír de los profesionales que les atienden cómo cada caso es un mundo y por eso son más de 400 las personas que trabajan en Asprona para cuidar y formar a las más de 1.200 que residen y tienen su hogar entre aquellas paredes, es sentir cómo un huracán te lleva por delante. Y te encuentras a Juan Antonio, feliz con que apenas le estreches la mano. Y a Pedro, que toma la muleta del maestro para demostrarle que él también sabe torear. Y a Jesús, que recibe la foto firmada del torero y luego quiere devolvérsela para que el propio Perera pueda regalársela a otro compañera, o a las enfermeras, porque ha advertido que se agotan las postales de tantas como se han firmado ya. Y a Victoria, de hondos ojos azules y unos lustrosos 72 años de los que presume al tiempo que le pregunta a Miguel Ángel si se quiere casar con ella. Y a Bauti, que no se conforma con tener su autógrafo y pide otro, con más vehemencia aún,  para Andrea, su amiga. Cada uno de ellos, una historia y una necesidad. A Perera, al héroe, el rostro se la va transformando conforme accede a cada estancia y se topa de frente con la realidad de cómo es la vida…

 

De la mano gentil y amable, agradecida también, de tantos profesionales, auxiliares y voluntarios que viven una mañana arremolinada y distinta porque no siempre viene alguien tan especial como un torero a visitarles, Miguel Ángel va conociendo talleres, programas de tratamiento, logros que se van alcanzando y proyectos futuros, gente y más gente, toda ella con una gran sonrisa limpia prendida en los ojos, explicaciones sobre cómo combatir lo que falta para que nadie sienta que le falta algo. Un impacto en toda regla, un baño de realidad. Y, aunque no lo dice, seguro que en su interior se va reforzando el convencimiento por ese gesto grande del 4 de junio, cuando se eche toda la Chata por delante vestido de hombre de bien y oro para aportar una cordillera entera de granos de arena para que ese montón de amigos que hoy se echó tengan y encuentren lo que necesitan. Por ellos y por ayudarles, asume Miguel Ángel Perera quedarse solo ante su responsabilidad de figura del toreo para ejercer de tal.

 

 

 

Merece la pena. Y mucho. Ya lo sabía antes, pero esa convicción se le multiplicó por mil desde el momento en que cruzó el umbral de Asprona buscando ponerle cara a sus aliados del 4 de junio, a su mejor cuadrilla. Caras, vidas que llevará prendidas como los alamares de su vestido. Esas caras y esas vidas que Perera iluminó al entrar en esa casa que ya siempre es la suya. Un poco de él se ha quedado allí dentro y un mucho de todos ellos se le ha calado al torero en lo más hondo de su mirada. "Nunca tendremos cómo pagarle lo que va a hacer –dice Lucio, el presidente-. Es el primer torero en los 46 años de vida de la corrida de Asprona que la lidia en solitario. Y sin cobrar nada a cambio. Eso lo dice todo de él…" "Sólo lo hago porque tengo que hacerlo, como torero y como hombre", responde Miguel Ángel mientras les emplaza al 4 de junio: "¡Quiero a veros a todos en la plaza!". Hoy de ésta salió a hombros tras cortarle mil besos al toro de la vida tal cual es también. La vida en Asprona: la verdad desnuda y desgarrada, pero que siempre se matiza con una infinita sonrisa de esperanza.  

 

 

Asprona recibe con los brazos abiertos a Miguel Ángel Perera

La noticia según EL DIGITAL DE ALBACETE

 

 

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Asprona: así es la vida...

Asprona es la vida misma, con todas sus caras, con todos sus matices. Cada uno de sus centros, de sus dependencias, de sus instalaciones, condensan en sí mismo todo lo que la vida es sin filtros ni ambages. Es la verdad desnuda y desgarrada. Es la evidencia de que lo tiene todo quien tiene aquello que es más preciso para vivir: la salud. Todo lo demás es relativo. Y si alguien lo duda, que venga a Asprona y lo vea.

 

Estar allí, conocer cómo es, mirar a los ojos a los hombres y mujeres, mayores y menores, que tienen ahí su techo y su horizonte, oír de los profesionales que les atienden cómo cada caso es un mundo y por eso son más de 400 las personas que trabajan en Asprona para cuidar y formar a las más de 1.200 que residen y tienen su hogar entre aquellas paredes, es sentir cómo un huracán te lleva por delante. Y te encuentras a Juan Antonio, feliz con que apenas le estreches la mano. Y a Pedro, que toma la muleta del maestro para demostrarle que él también sabe torear. Y a Jesús, que recibe la foto firmada del torero y luego quiere devolvérsela para que el propio Perera pueda regalársela a otro compañera, o a las enfermeras, porque ha advertido que se agotan las postales de tantas como se han firmado ya. Y a Victoria, de hondos ojos azules y unos lustrosos 72 años de los que presume al tiempo que le pregunta a Miguel Ángel si se quiere casar con ella. Y a Bauti, que no se conforma con tener su autógrafo y pide otro, con más vehemencia aún,  para Andrea, su amiga. Cada uno de ellos, una historia y una necesidad. A Perera, al héroe, el rostro se la va transformando conforme accede a cada estancia y se topa de frente con la realidad de cómo es la vida…

 

De la mano gentil y amable, agradecida también, de tantos profesionales, auxiliares y voluntarios que viven una mañana arremolinada y distinta porque no siempre viene alguien tan especial como un torero a visitarles, Miguel Ángel va conociendo talleres, programas de tratamiento, logros que se van alcanzando y proyectos futuros, gente y más gente, toda ella con una gran sonrisa limpia prendida en los ojos, explicaciones sobre cómo combatir lo que falta para que nadie sienta que le falta algo. Un impacto en toda regla, un baño de realidad. Y, aunque no lo dice, seguro que en su interior se va reforzando el convencimiento por ese gesto grande del 4 de junio, cuando se eche toda la Chata por delante vestido de hombre de bien y oro para aportar una cordillera entera de granos de arena para que ese montón de amigos que hoy se echó tengan y encuentren lo que necesitan. Por ellos y por ayudarles, asume Miguel Ángel Perera quedarse solo ante su responsabilidad de figura del toreo para ejercer de tal.

 

 

 

Merece la pena. Y mucho. Ya lo sabía antes, pero esa convicción se le multiplicó por mil desde el momento en que cruzó el umbral de Asprona buscando ponerle cara a sus aliados del 4 de junio, a su mejor cuadrilla. Caras, vidas que llevará prendidas como los alamares de su vestido. Esas caras y esas vidas que Perera iluminó al entrar en esa casa que ya siempre es la suya. Un poco de él se ha quedado allí dentro y un mucho de todos ellos se le ha calado al torero en lo más hondo de su mirada. "Nunca tendremos cómo pagarle lo que va a hacer –dice Lucio, el presidente-. Es el primer torero en los 46 años de vida de la corrida de Asprona que la lidia en solitario. Y sin cobrar nada a cambio. Eso lo dice todo de él…" "Sólo lo hago porque tengo que hacerlo, como torero y como hombre", responde Miguel Ángel mientras les emplaza al 4 de junio: "¡Quiero a veros a todos en la plaza!". Hoy de ésta salió a hombros tras cortarle mil besos al toro de la vida tal cual es también. La vida en Asprona: la verdad desnuda y desgarrada, pero que siempre se matiza con una infinita sonrisa de esperanza.  

 

 

Asprona recibe con los brazos abiertos a Miguel Ángel Perera

La noticia según EL DIGITAL DE ALBACETE

 

 

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